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MEXICO Napoleón Gómez dirige uno de los más activos y poderosos sindicatos en México desde un teléfono celular y una ubicación desconocida. Los mensajes, la estrategia y las actividades sindicales más importantes son transmitidos diariamente a su gente, la cual trabaja en una discreta oficina en las afueras de la ciudad de México. Algunos de sus compañeros laboristas consideran a Gómez como un “enemigo natural del gobierno”. El líder y su sindicato – conocido por el nombre de “Los Mineros” – han pagado un precio muy alto por enfrentarse al gobierno mexicano y a potentes intereses económicos, afirmando al mismo tiempo su independencia sindical.
“Nos mataron, nos encarcelaron, nos golpearon y nos amenazaron. Amenazaron a nuestras familias”, declaró Gómez en una entrevista telefónica.
Gómez se refiere a la ola de violencia que el gobierno sancionó recientemente contra miembros de Los Mineros y contra su persona. Dichos actos incluyen: abrir fuego y matar a trabajadores metalúrgicos en huelga en la planta de Sicartas; ocultar peligros a la salud y a la seguridad que ocasionaron una trágica explosión minera con un saldo de 65 víctimas; encarcelamiento de 21 huelguistas de una mina de cobre en Nacozari; remoción forzada de Gómez como secretario general del sindicato. Además, Gómez y los miembros de su familia han sido objeto de amenazas de muerte.
El gobierno afirma que Gómez fue destituido de su cargo porque había robado 55 millones de dólares americanos del sindicato, acusación que Gómez designa como “una campaña para desviar la atención de los problemas reales en el país”. Y agrega: “Es simplemente una maniobra para desacreditarme porque no tienen ninguna prueba. Saben dónde está el dinero ya que congelaron todas nuestras cuentas bancarias.” De 60 años de edad, graduado de la Universidad Nacional Autónoma de México y titular de un doctorado en economía de la Universidad de Oxford, Gómez no tiene el perfil del típico refugiado político o del sindicalista minero. Comenzó su experiencia en las minas de México a temprana edad, cuando observaba a su padre, Napoleón Gómez Sada, quien dirigió el sindicato minero durante 40 años.
“Cuando era niño asistía a las asambleas y reuniones sindicales. Acompañaba frecuentemente a mi padre a las minas. A los 16 años, bajé por primera vez a una mina: la mina de oro de San Francisco, en Chihuahua, a 900 metros bajo tierra.” Gómez se afilió oficialmente al sindicato 33 años más tarde, al tiempo que dirigía un proyecto minero en el Estado de Durango. Posteriormente, fue nombrado delegado especial ante el comité nacional para programas políticos y sociales.
Tras haberse desempeñado como secretario general asistente en el 2000, Gómez fue elegido por unanimidad secretario general de Los Mineros en 2002, cuatro días después de la desaparición de su padre y predecesor. Obtuvo nuevamente el apoyo unánime de los miembros de su sindicato en 2006, en un momento de gran interferencia gubernamental en los asuntos sindicales y de fuerte oposición por parte de algunos sindicatos dentro del mismo movimiento laborista mexicano.
“El Congreso Laborista cuenta con una larga tradición de sindicatos institucionalizados. Como nosotros abogamos por el cambio en esta difícil etapa en México, me ven como una amenaza a su modo de actuar. Prefieren líderes laboristas que únicamente reciban instrucciones del gobierno o de las empresas, y nosotros somos diferentes.” Gómez y otros líderes laboristas partidarios del cambio fundaron el Frente Nacional para la Defensa de la Unidad y la Autonomía Sindical. Dicha organización representa a seis millones de trabajadores.
Cuando se le preguntó lo que significa para él ser considerado como un revolucionario mexicano por unos y como un fugitivo internacional por otros, Gómez indicó que se apoya en sus miembros para tomar fuerzas.
“Ha sido una etapa muy difícil. Sin embargo, aún hoy, seis meses después de los más violentos ataques registrados hasta ahora contra un sindicato, los mineros no dejan de brindarme su apoyo. Su amistad, su lealtad y su coraje me dan fuerzas.” Gómez ha sido colmado de muestras de solidaridad internacional y se apresura en señalar que lo que sucede en México representa un problema para todos los sindicatos. “Exhorto a todos los líderes sindicales a proteger activamente la autonomía sindical. Si permitimos que la extrema derecha haga esto en México, que deje que las empresas adquieran mayor poder político, entonces esto podrá suceder en cualquier parte.” Cuando se le pregunta si es optimista en cuanto al futuro del movimiento laborista mexicano, Gómez se muestra decididamente realista: “O nos fortaleceremos tras la crisis o desapareceremos.”
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